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Recomendación Literaria 1
Momo de Michael Ende
Quiero empezar esta serie de recomendaciones literarias con un libro que siento muy especial: MOMO, de Michael Ende.
Momo nos habla de la naturalidad del Ser, de la valentía que implica la autenticidad, del cambio de paradigma que puede traer la verdadera escucha y de la resonancia de los vínculos de corazón a corazón, reflexiona y ahonda en el sentido del tiempo y de la significancia de cada instante, de habitar sin proyectar hacia el pasado ni hacia el futuro entendiendo el presente en gerundio, constantemente vívido.
Su lectura me parece «medicina» en el momento actual en el que se prima la prisa (en la que parecemos desaparecer) y la superficialidad tiñe implicaciones, vínculos y compromisos (o su ausencia).
Aunque se suele presentar como un cuento para niños; MOMO habla al Ser Atemporal que mora en cada persona, y siento que justo quienes lo consideran algo puramente infantil son, quizás, quienes más necesitan re-incorporar el mensaje de este maravilloso libro. ((Y digo re-incorporar porque Momo habla a la niña o niño que fuimos, y nos recuerda que está en nuestra mano mantenerl@ viv@)).
Si esta lectura resuena contigo, te recomiendo seguir con La historia interminable (del mismo autor) o El castillo de Lord Valentine, de Robert Silverberg

Recomendación Literaria 2
1984 de George Orwell
“El partido instaba a negar la evidencia de tus ojos y oídos.
Era su orden última y más esencial»
George Orwell
Estoy releyendo todos los libros que quiero incluir en esta sección (algunos más de 20 años después de leerlos por vez primera). Y he de confesar que me ha costado mucho releer 1984, tanto que, pese a que antes de releerlo lo tenía muy claro, dudé si incluirlo o no.
Ha sido muy hiriente, …, a ratos tremendamente desagradable, a ratos atroz sin medida. Aún así siento que es una lectura que en estos tiempos se hace casi imprescindible. En este libro se retratan muchas cosas que no son fáciles de mirar ni de admitir, se nos presenta la dura constatación de la misma cruda realidad (hacia y desde lo individual y social) en estos tiempos que corren.
Orwel muestra con maestría cómo tendemos a naturalizar cosas que en esencia no son éticas, justas, favorables y que no deberían ser aceptadas.
Ya con Momo de Michael Ende pudimos ver cómo, y a través de qué mecanismo, nos alejamos de nuestra naturalidad, en favor de unos modos que nos han «vendido» como inquestionables, apropiados, «adultos» e ineludibles. De alguna manera lo que se nos propone en 1984 es la consecuencia de ese primer paso llevada al extremo.
La subyugación voluntaria a un pensamiento único impuesto, en el que la sociedad se brinda con docilidad y obediencia ciega a la vigilancia, control y a la supresión de sus libertades y soberanía. Acepta quw se modifique, altere y reescriba «la objevitidad» según la preferencia de los tiempos. Donde se silencia (incluso mortalmente) a todas aquellas voces disruptivas, a aquellas que cuestionan el modelo imperante y sus incoherencias.
Con 1984 somos testigos de la tergiversación de principios, valores, y la estrategia a la que se somete a los ciudadanos, …, (con los minutos de odio, la ruptura de unidad familiar, los vínculos profundos, … )
Constatamos a través de su propuesta una esclavitud «aparentemente invisible» y extremamente palpable.
Orwel nos recuerda que si no paramos este asunto, este asunto acabará con nosotros.
» En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario»
George Orwell
Si esta lectura resuena contigo, puedes continuar con «Nosotros» de Yevgueni Zamiatin y con «Un mundo feliz» de Aldous Huxley.

Recomendación Literaria 3
Fahrenheit 451 de Ray Bradbury
“ Llénalos de datos incombustibles, abrúmalos con información hasta que se sientan atiborrados pero «inteligentes». Entonces sentirán que piensan, que están en movimientos sin moverse.» Ray Bradbury
Reconozco que tenía pensado un pequeño giro para esta tercera recomendación literaria. Tenía (y tengo) a una maravillosa autora en mente, y he estado releyendo alguna de sus obras para escoger la que sería protagonista de esta edición. Pero la vida tenía otros planes, y cayó en mis manos este libro que no había leído y que se ha ganado este puesto por su propio peso y con la máxima coherencia concebible. Aporta a mi entender, los primeros pasos del giro que tenía pensado esbozar, aunando a la perfección «lo contenido» en Momo y en 1984.
Así que en esta luna nueva de julio «Fahrenheit 451» de Ray Bradbury es la elección recomendada.
451 Fahrenheit es la temperatura a la que se enciende y arde el papel, la temperatura en la que desaparecen los libros. A través de las vivencias, sentires y reflexiones de Montag, un bombero profesional, somos testigos de ciertas incoherencias que se han asentado en una sociedad no tan alejada de la nuestra. En ese tiempo, los bomberos no apagan fuegos; los generan.
Y no queman cualquier cosa, queman las casas donde hay libros (y a veces a los propietarios). Éstos (los libros) son un peligro, aportan panorámicas que no tienen porqué coincidir con lo socialmente establecido como verídico, pueden invitar a reflexiones profundas, pueden despertar inteligencias. Recogen legado, reflexiones, maneras de entender, pasiones, luchas, que pueden reflejarse en quien lee advirtiendo paralelismos con el momento presente.
Allá donde la inmediatez que aporta la síntesis de la síntesis ha ganado todo el espacio a la reflexión, allá donde el titular se acepta como suficiente, donde nada se reflexiona (ni vive) en profundidad. En un mundo donde el vacío, y el automatismo llena los cotidianos, donde se cultiva el placer que llena satisfacciones inmediatas como evasión, …, allí donde Ser y Pensar están perseguidos, germina una semilla de entendimiento. Allí donde cierta atrocidad es la norma, se presenta la oportunidad de cambiar la percepción del Sí mismo.
¿Seremos capaces de abrir esa puerta?
Si esta lectura resuena contigo, puedes continuar con «Nosotros» de Yevgueni Zamiatin y con «Un mundo feliz» de Aldous Huxley.
“ No importa lo que hagas, siempre y cuando transformes lo que tocas en algo que se te parezca después de retirar las manos. La diferencia entre el hombre que acaba de cortar el césped y un jardinero de verdad está en el tacto. El cortador de césped podría no haber estado allí en absoluto; el jardinero estará allí toda la vida» Ray Bradbury

Recomendación Literaria 4
Historias de Terramar de Úrsula K le Guin
“ Porque el mundo es muy grande, y la Mar Abierta se extiende hasta más allá de todo conocimiento; y hay muchos otros mundo más allá del mundo. A través de esos abismos de espacio y en la larga extensión del tiempo, dudo que ninguna palabra que pueda pronunciarse conserve, en todas partes y para siempre, el peso de su significado y su poder» Úrsula K le Guin
Ahora sí, en esta cuarta edición presento a una de mis escritoras favoritas de todos los tiempos, Úrsula K. Le Guin. Úrsula es para mi alguien con una capacidad desbordante para describir lo inmensamente grande y lo inmensamente pequeño. Para relatar con destreza historias que ahondan en conflictos que suceden a lo largo de tiempos y panorámicas que se entrecruzan, que se separan, se oponen y convergen sin cesar. Recorre y presenta recorridos vitales de seres de distintas especies, con distintas perspectivas de la vida, del tiempo y de la realidad. Te traslada a través de paisajes de todo tipo, te sumerge en ánimos que te inundan de todos los colores posibles. La riqueza de sus propuestas es absolutamente deliciosa, los matices difíciles de imaginar, y retrata la complejidad humana admirablemente. En una lectura superficial, se puede caer en el mismo pozo que con Momo, (la primera recomendación de Ende) y el murmullo mental puede intentar convencernos de que en sus novelas sólo encontramos épicas que hablan de magos, de dragones y castillos, …, y que por ello son dirigidas a un público juvenil, «en edad de soñar»-.
Siento que sería una pena darle crédito a ese discurso que nos aleja de reflexiones profundas, de riquezas casi inimaginables por la complejidad estructural de su propuesta, de sentires que nos llevan a extremos en lo que quizás no quisiéramos estar (y en los que percibimos nuestros propios extremos), y junto a las contradicciones de sus personajes recorremos nuestras propias contradicciones y se resalta lo que no coincide con nuestra manera de sentir mientras recorremos sendas que no hubiéramos escogido.
Esta recopilación de Úrsula fue para mí la puerta de entrada a lo que se llama «ciencia ficción». Y con ello se derrumbaron varios muros, y es que me di cuenta que había sostenido varios prejuicios hacia este género literario, cayendo en estigmas que sostenía sin saber. Advertí en estas complejas estructuras la posibilidad de presentar panorámicas extremamente amplias, capaces de reconocer aparentes contradicciones, miradas opuestas, y realidades convergentes, divergentes, que armonizaban y desarmonizaban con vaivenes difíciles de reconocer en idiosincrasia más reducidas o acordes a panorámicas cercanas a la dimensionalidad que yo esperaba (hasta entonces) encontrar en una novela.
Esa libertad de la que goza este género permite (a mi juicio) explorar multidimensiones que enriquecen sin medida la visión. Y que permiten sostener simultáneamente divergencias aparentemente contradictorias, sin que las mismas se anulen. La riqueza que he encontrado aquí ha contribuido a mantener una mirada crítica en el cotidiano, a buscar preguntas, (o a sorprenderme cuando no las hay). A ser capaz de dejar espacio para que aparezcan miradas que no converge con lo establecido, con lo publicitado a bombo y platillo.
Desde esta posición de entendimiento es que se revelan las capas internas de esa reacción de odio y voluntad de aniquilación ante » el peligro» y el pavor a las miradas panorámicas. Estas reacciones viscerales que se imponen, coartando profundidad en el pensar y en el vivir. Donde se persigue la reflexión, la búsqueda de veracidad, la autenticidad, la mirada panorámica, la riqueza de opiniones y pareceres, la duda, la curiosidad. Toda esta estructura de poder que se retrata en 1984 de Orwell, donde hay un ministerio «de la verdad» que se ocupa de falsificar testimonios escritos, legados, publicaciones y en la novela de Ray Bradbury, Un mundo feliz de Huxley, Nosotros de Zamiatin etc.
Todos ellos advierten de ese tipo de situaciones en las que nos venden miradas específicas, realidades unilaterales en las que aquellas miradas divergentes se atacan, se anulan, se eluden incluso haciéndolas desaparecer. Hemos naturalizado perspectivas extremadamente pobres, discursos de besugos que pretenden explicar realidades categóricamente. Se ha cultivado la memoria a corto plazo a fin de no percibir las contradicciones con lo que sucedió o se defendió ayer. Cuando se imponen miradas estrechas que tratan cualquier alternativa como una amenaza, y se ignora a posteriori toda evidencia que contradice la verdad defendida inicialmente, nos herimos a nosotros mismos, como sociedad y como seres.
Y siento que propuestas literarias como las citadas anteriormente aportan riquezas que nutren internamente, que apelan a esa parte de cada quien capaz de advertir en sí las «naturalidades» internas y externas, capaz de reconocer esa verdad que trasciende y de mirar desde lugares en los que ciertas panorámicas se caen estrepitosamente por su propio peso. (aunque sean defendidas con uñas y dientes por estructuras que pretenden simplificar las opciones).
Historias de Terramar la conforman cinco novelas que trenzan una misma historia. En ella viajamos a lo largo del tiempo, de los lugares y de los personajes de tal modo que se nos presentan realidades desde prismas distintos, con valores que no coinciden, con verdades que se enfrentan, con realidades que se viven distinto y que enfrentan planteamientos, sensibilidades, heridas, recorridos y linaje de una manera enigmática.
Sin dudar recomiendo este libro aún en estos tiempos en lo que prima lo inmediato, los titulares y las reflexiones casi inexistentes, justo porque en él se enaltece lo contrario. La profundidad, la búsqueda de coherencias que acogen diversidades, la complejidad que enriquece, la musicalidad que encierra armonías y desarmonías, resonancias, silencios y demás factores que despiertan aspectos internos, que abren puertas, silencios, dolores, reflexiones, …, que liberan sueños, pesares, caminos, … .
A mi parecer Úrsula ofrece espejos en los que vale la pena mirarnos.
“ Mi nombre y el tuyo, y el nombre verdadero del sol, o de un manantial de agua, o el de un niño aún no nacido, todo son sílabas de la gran palabra que la luz de las estrellas pronuncia lentamente. No hay otro poder. Ni otro nombre» Úrsula K le Guin

Recomendación Literaria 5
Los Papalagi de Tuivaii de Tiavea
“ Nosotros tenemos tiempo en abundancia, siempre estamos satisfechos con el tiempo que tenemos, no pedimos más tiempo del que ya hay y siempre tenemos tiempo suficiente.« Tuivaii de Tiavea
Siento que con las recomendaciones anteriores hemos esbozado un marco desde el que considerar «La Mirada» en toda su complexión; Tanto interna como externa.
La Mirada define la manera en la que nos percibimos, las esferas en las que nos citamos, los matices que somos capaces de distinguir y las complejidades y contradicciones que podemos sostener simultáneamente, y la habilidad de mantener las coordenadas de los principios que consideramos esenciales, de los cimientos estructurales que nos conforman, incluso en medio de una vorágine propagandística llena de manipulación, mentiras, obviedades veladas, calumnias y amenazas, etc
Con Momo recorrimos parte del sendero que incluye la mirada hacia adentro, considerando lo que es esencial en las personas, de la naturalidad frente a los prejuicios, el valor de la honestidad, de la amistad y los lazos profundos, la búsqueda de la veracidad, la apreciación de la importancia de cada instante y de vivir en y desde el momento presente (que es lo único que tenemos).
Con 1984 de Orwell encontramos una sumisión casi voluntaria a un pensamiento peligrosamente único (obviamente impuesto), en el que con docilidad y obediencia se eliminan las libertades y soberanía.
Entregándonos a una esclavitud «aparentemente invisible» y extremamente palpable. Con Fahrenheit 451 de Ray Bradbury reflexionamos acerca de cómo y porqué la inmediatez que impone una «síntesis de la síntesis» gana todo el espacio a la reflexión profunda, donde «el titular» basta, donde el automatismo vacío de contenido llena cotidianos, el placer se usa como evasión, …, y el Ser que se cuestiona está moralmente perseguido y aún ahí germina una semilla de entendimiento; se presenta la oportunidad de cambiar la percepción del Sí mismo.
Úrsula con Historias de Terramar nos proporciona una amplitud de miras capaz de sostener esa ambivalencia sin juicio, disfrutando de la panorámica y todas sus contradicciones en la búsqueda (y el encuentro) de la autenticidad.
Los Papalagi aportan un relato que cuestiona los cimientos de nuestra sociedad desde fuera.
Atribuido a Tuiavii de Tiavea y recopilado por Erich Scheurmann en 1920, presenta la civilización occidental vista por una mirada foránea: el Papalagi aparece esclavo del metal redondo y el papel tosco (dinero), viviendo en «Canastas de piedra», sin tiempo, perdido en la acumulación de objetos y «perdido» en una serie de estructuras mentales que bajo la mirada de un jefe Samoano carecen de sentido; en sus páginas vemos como él intenta trasladar a los suyos (con su lenguaje y referencias) lo que se encuentra en la Europa de principios del siglo XX, ofreciendo a mi parecer una crítica que puede hacernos reflexionar mucho acerca de cosas que quizás damos por sentadas.
La verdad es que «Los Papalagi» es el primer libro que traje a nuestro espacio, aún sin tener expositor para los libros, ni siquiera un lugar exacto donde dejarlos, sentí que era uno de los que sí o sí tenía que estar al alcance de las manos curiosas.
Sseguro que si en vez de ver «la Europa» de principios del siglo veinte, hubiera visto la actual, sus palabras serían muy distintas, ya que algunos ámbitos de «lo cotidiano» han cambiado mucho, aún así me parece que es una aportación que sigue teniendo mucho que decir en estos tiempos, y que sigue aportando algo enigmáticamente enriquecedor.
